German Oestmann: No hay horizontes sin crearlos

Aquel Poeta y Maestro literario, como lo fue Eduardo Galeano, describía una experiencia de vida que grafica a la utopía y encuentra el fundamento de su existencia: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.

 

La declaración de la pandemia a nivel mundial, y más específicamente en el territorio de nuestra República, marca de alguna manera el inicio de una etapa de formación humana que alcanza  todos los índoles de la concepción del ser humano.

 

La esencia del acercamiento físico para la demostración de afecto interpersonal, el alto volumen de los eventos sociales, las reuniones comunitarias y hasta las formas de saludar, se han nutrido de una prohibición producto de la causa de viralidad del coronavirus.

 

Lo que otrora resultaba imposible de cumplir para la esencia y concepción de los seres humanos, hoy, resulta inherente a los comportamientos y acciones en cada momento.

 

Sin embargo, este acostumbramiento temprano de las nuevas condiciones sociales de vinculación interpersonal, resulta atravesado, también, por nuevas formas de vida en la cotidianeidad. La oficina como lugar de trabajo y las aulas como espacio de formación académica, ya carecen de la importancia absoluta para el cumplimiento de los objetivos.

 

Nos vimos insertos en una realidad modificada, nueva, distinta, que nos quitó el hábito de asistir y presenciar ciertas actividades que hacían a la vida de los y las humanas. Los hogares se convirtieron en centros de estudio y trabajo, donde se combinan la confortabilidad de estar en un espacio ameno y conocido, con el desafío de cumplir con las exigencias y obligaciones del exterior.

 

Esta divergencia que atravesamos, y que continuaremos hasta una solución científica acertada contra el virus, forma una puerta de entrada a una utopía distinta. Cuando hablo de distinto, no quiero caer en aforismos fáciles, sino proyectarnos más allá.

 

El horizonte de los objetivos de las Naciones, la comprensión de las estadísticas en materia salud, el reconocimiento de un dilema extraño entre salud y la economía, el crecimiento de las demandas sociales a los líderes del mundo, la comprensión de la importancia de la vida y sus cuidados, son sólo algunas menciones ejemplificadoras de la conformación de la utopía de la nueva existencia.

 

Tengo la creencia que cualquiera de nosotros y nosotras puede hacer mucho con pequeñas acciones que permitan la modificación de la realidad de los demás, por eso, debemos repensar qué y cómo lo hacemos con la beligerancia necesaria para la adaptación de esta nueva utopía que avizora el horizonte. Ya no es suficiente con la centralidad de una acción en la que nos destacamos, debemos ir más allá de aquello.

 

Por ello, las Universidades y los Centros de Formación, que son los polos científicos y académicos de las  naciones, deben incorporar una mirada humana relativamente integradora, que al mismo tiempo, encuentre la acertada combinación entre la formación académica y la sensibilidad social versátil para contener el registro social de la comunidad en la que forma parte.

Resulta imprescindible tener la certeza que los horizontes no son preexistentes a las utopías, sino que los anhelos que dan lugar a las mismas vislumbran en cierta forma, a lo lejos, una mirada profunda de perfección o como se lo pueda nombrar, y así, llegar a la idealización del horizonte.

Hay que crearlos, pero para ello, debemos mantener en claro la versatilidad que conlleva la realidad humana, y la imprevisibilidad que está inherente.

La formación académica como centralidad en la vida de los estudiantes, ya no resulta ni suficiente ni acreditadora de una prosperidad acertada, sin el registro social correcto para la versatilidad que propone la realidad.

Sólo espero, y anhelo, que las y los líderes del mundo, y que cada persona, en forma individual y conjunta, podamos comprender que no se trata de una nueva normalidad, sino de una concepción modificada sin fundamentos de volver al origen, y marcada por una necesidad imperiosa de proponer un horizonte cargado de utopías que promulguen la integración de todos y todas.

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